En lugar de hablar de manera teórica, alcanzarte “tips”, o
hablar sobre el tema de la tentación sexual de manera abstracta, vamos a ir
directamente a la vida de uno que tal como nosotros enfrentó cara a cara la
tentación. La Biblia nos ha guardado su relato como un tesoro precioso para las
generaciones siguientes que nos toca vivir en este mundo de pecado. Él es José
y su historia aparece en los capítulos del 37 al 50 del libro de Génesis. Pero
pensando en el tema de la tentación sexual será de sumo interés el relato de su
vida que aparece en el capítulo 39, cuando el deseo desordenado de una mujer le
hizo una visita inesperada e inolvidable.
Para entender el drama en el que vivía José diremos que
llegó a ser el esclavo de confianza de un oficial importante de Egipto llamado
Potifar. José era hebreo, joven apuesto, quien hace algún tiempo había sido
odiado por sus hermanos y luego de una conspiración fue vendido como esclavo
por ellos. ¡¡¡Qué tal familia!!! ¿Increíble, verdad? Ser vendido por tus
propios hermanos. Aunque José era un joven de grandes principios y dedicado al
Señor, José fue un esclavo cualquiera en Egipto.
Lee con cuidado Génesis 39: 1-6
"1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar, un egipcio oficial del faraón, capitán de la guardia, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.2 Pero Jehová estaba con José, quien llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa del egipcio, su amo. 3 Vio su amo que Jehová estaba con él, que Jehová lo hacía prosperar en todas sus empresas. 4 Así halló José gracia a sus ojos, y lo servía; lo hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. 5 Desde el momento en que le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo. 6 Él mismo dejó todo lo que tenía en manos de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía.
José era de hermoso semblante y bella presencia,"
Como te darás cuenta Potifar tenía una gran responsabilidad
era “capitán de la guardia”, era el jefe de la seguridad que protegía
directamente al Faraón y los más altos dignatarios de su época. Era una especie
de jefe del FBI americano o Scotland Yard inglés. Potifar era respetado por su
comunidad. Él había hecho una gran compra en el mercado de esclavos con José, pues consiguió un joven maduro y responsable. Por esta razón al cabo de un
tiempo fue ascendido al cargo más importante de la casa de Potifar, el de
mayordomo, y poco a poco llegó a estar por sobre todo lo que poseía Potifar sin
que este llegue a preocuparse por algo de lo suyo.
Dos detalles sobresalientes tiene
el relato de estos seis versículos que nos dan un panorama amplio del trasfondo
histórico en le que viva el joven José.
1. El
Señor estaba con José. José no hablaba
de ello, pero la realidad visible no podía ser ignorada. Su amo lo supo al ser
testigo directo y presencial de ello. Todo lo que se encargaba a José lo hacía
bien.
2. Por
causa de José, su presencia y el trabajo que hacía, el Señor prosperó a Potifar. Lee con cuidado el versículo 5 del capítulo
39 de Génesis: "5 Desde el momento en que le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo".
El ascenso a
mayordomo era bien merecido, pero la situación fue un paso más allá, José llegó
a encargarse de los asuntos personales de Potifar. El hombre vivía sin
preocupaciones porque confiaba plenamente en José.
Aquí es
importante resaltar que con cada ascenso José se volvía cada vez más
vulnerable. Esto porque por cada ascenso tenía más libertad, menos vigilancia y
la responsabilidad de dar cuenta disminuía. Mientras más éxitos, aparecen los
privilegios y menos gente que se involucra con uno como guía.
Las tentaciones
aparecen casi de manera natural en los tiempos de prosperidad o bienestar, sean espirituales, o materiales o ambas. Del mismo modo los tiempos de paz no se
encuentran ajenos a la aparición de tentaciones. Tal vez los momentos de
escasez y limitaciones hacen que no demos lugar a la tentación porque nos
enfocamos en nuestra carencia y dependemos decididamente de Dios. Pero cuando
hay seguridad, sonrisas y dulce adulación, ahí nos espera el tentador. Y lo
hace con sus mejores armas. Si piensas que debes vivir en guardia, no dudes que
son en los momentos cumbres cuando debes estar con la mayor expectación.
José era un
blanco sumamente visible y fácil de alcanzar para el deseo desordenado de la
carne y la adulación o el halago (sobonería). Su ascenso hacía fácil poder
hablar de él, alimentar su ego y entonces mostrarle que puede tener lo que
quiere sin dar cuenta a nadie.
Tal vez así
entendamos mejor lo que se menciona sobre José en Génesis 39: 6. “Y José era de
hermoso semblante y bella presencia”.
Aquí es
importante resaltar que no hay nada de malo en ser bien parecido(a) y agradable
para la gente. Tal vez no comprendamos por qué algunos son así, pero tampoco
podemos decir que es malo. Es como ser rico lo cual no necesariamente es malo.
Pero es obvio que intensifica la batalla, porque abre más puertas para que los
deseos desordenados lancen su carnada y busquen llevar adelante la tentación de
modo que demos rienda suelta a nuestros instintos.
No te pierdas la próxima entrega donde seguiremos conociendo las luchas de José y cómo libró su batalla con la sensualidad.
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